
Hoy comienzo a escribir en este apartado. Espero que quien aquí pare, reciba un aliento, recoja alguna idea útil.
"!NO HAY NINGUNA EXPLICACIÓN PARA TODOS LOS SUFRIMIENTOS,Y LOS MALES Y LAS TORTURAS Y LA DESTRUCCIÓN Y EL HAMBRE QUE HAY EN EL MUNDO! ESO NUNCA SE LO PODRÁ EXPLICAR UNO; PUEDE INTENTARLO CON SUS FORMULAS, RELIGIOSAS O DE OTRA ÍNDOLE, PERO NUNCA SE LO EXPLICARA. PORQUE LA VIDA ES UN MISTERIO, LO CUAL QUIERE DECIR QUE CON SU MENTE RACIONAL, UNO NO PUEDE EXPLICÁRSELO. PARA ESO TIENE QUE DESPERTAR Y ENTONCES SE DARÁ CUENTA REPENTINAMENTE DE QUE LA REALIDAD NO ES EL PROBLEMA, EL PROBLEMA ES UNO MISMO".
Anthony de Mello
"No pretendas ser feliz a cada instante"
Ahora que habíamos aprendido a pensar en positivo, resulta que no basta. Además, tenemos que aprender a aceptar todas nuestras neuras (pensamientos desagradables que podamos padecer: desde la ansiedad a la depresión).
La dificultad para aguantar hoy día cualquier malestar físico o cualquier incomodidad material se traslada a la vida psíquica; y, por eso, nadie cree hoy que haya que sufrir mentalmente ni un solo instante. Así que, con independencia de los sucesos y preocupaciones que alguien padezca, se promociona, sobre todo desde los profesionales de la salud, tener de forma permanente y exclusiva "pensamientos positivos","imágenes agradables", "buenos propósitos con todos los de alrededor", lo cual es materialmente imposible.
Hay que aceptar que es normal tener pensamientos desagradables, sensaciones de ansiedad o depresión (dentro de los parámetros normales) y determinados miedos cuando nos pasan cosas preocupantes. Si no lo aceptamos, nosotros mismos nos provocaremos el sufrimiento. Pensaremos que somos menos listos y hábiles y acabaremos por tener dos problemas: el malestar que ya teníamos, y el sentimiento de ser incapaces de librarnos de él.
Pero ahora que habíamos aprendido a pensar en positivo, resulta que se trata de distanciarnos de nuestros pensamientos; ¿cómo se hace eso?
Distanciarse de los pensamientos quiere decir aprender a poner en cuestión lo que pasa por nuestra cabeza, sea positivo o negativo. Si nos viene una idea a la cabeza, normalmente pensamos "esto es así"; sin embargo, es mucho más sensato decirse "ahora pienso que esto es así". Dudar de lo que genera nuestra parlanchína e infatigable mente es un aprendizaje vital muy difícil; algo que los ascetas, los sabios, los monjes... cultivan durante toda su existencia.
Hay que aceptar que no siempre podemos sentirnos bien.Y cuando hablo de cambiar el exterior me refiero a que tenemos la obligación de intentar, si se puede, modificar las cosas externas sobre las que tenemos control. Ése sí es un camino.
Por ejemplo, si mi pareja es una gran fuente de sufrimiento, ten por seguro que no voy a poder aprender una regla psicológica para despojarme de ese malestar. Lo que tengo que hacer es separarme o exigirle un cambio. Por supuesto, hay muchas circunstancias en las que esto no es posible; por ejemplo, el fallecimiento de un ser querido.
¿En qué sentido el lenguaje puede ser aliado de nuestro bienestar psicológico?
Puede ser aliado de nuestro bienestar, pero suele serlo del malestar. Nuestro lenguaje es un auténtico aguafiestas de la vida.
Distanciarse posibilita relativizar las cosas, y nada hay tan relativo como nuestra valía, nuestra belleza, nuestra inteligencia... que dependen siempre del criterio o de las personas con las que nos comparamos. Por ejemplo, si yo me digo "estoy mal", de entrada tomaré este pensamiento como una verdad objetiva. Sin embargo, si soy capaz de darme cuenta que eso es sólo un pensamiento de un momento dado, algo generado por mi cabeza, de naturaleza relativa (pues depende de a quién tome como ideal) y sobre el que no tengo por qué quedarme encasquillada dándole vueltas y vueltas, entonces se facilitará un cambio de perspectiva.
Conviene aceptar los pensamientos, sentimientos y sensaciones desagradables, ¿por qué?
Uno de los problemas de nuestro tipo de sociedad -que en otros aspectos es, desde luego, envidiable- es que no entiende que sufrir moderadamente es algo consustancial a vivir. Paradójicamente, el estado en que, creemos, no se sufre nada es en coma o completamente anestesiado; sin embargo, nadie opinará que esa es una manera deseable de vivir. Por tanto, vivir supone sufrir (algo, por otra parte, que no es ninguna novedad; es una de las máximas del budismo) .Y vivir mucho, arriesgando mucho, puede suponer sufrir mucho. Cualquier decisión vital (comprar una casa, empezar un trabajo, emparejarse...) implica un riesgo,y es seguro que tendrá su cara y su cruz. Si no estamos dispuestos a arriesgar en nada, acabaremos por no vivir en absoluto.
La ansiedad es, muchas veces, como la fiebre del niño: algo muy importante para indicarnos que puede tener una infección. Pero desprenderse de toda ansiedad a voluntad y al instante es imposible.
Únicamente si tienes presentes los objetivos vitales -como norte o guía-cobra sentido el enfrentarse a los miedos o asumir la propia tristeza.
¿Con qué cree que tiene que ver la felicidad y la paz de espíritu?
Para estar satisfecho con la vida y mostrarse acorde con los propios valores, se vuelve necesario pasar sinsabores, incluso muy prolongados en el tiempo. Es como la paternidad: cualquier persona realista sabe que está cargada de sinsabores, de noches en vela, de carreras al hospital, de preocupaciones... en especial cuando los hijos tienen discapacidades o distintos problemas; pero si esa paternidad es uno de nuestros objetivos vitales, ¿cómo no asumir estos problemas y vivirlos con normalidad?